De pacientes fantasmas a sobrecarga: el drama de las ausencias sin aviso
Todo odontólogo ha pasado por esto. La agenda está llena, te preparaste mentalmente para un día intenso, armaste todo el instrumental, pusiste a la asistente en la posición exacta, de pie al lado de la unidad lista para ayudar (no sean mal pensados) … y el paciente nunca llega.
Ni un mensaje. Ni un aviso. Nada. Solo un silencio incómodo y tú, viendo el reloj con cara de "¿Me habré equivocado de día o este paciente se desmaterializó?"
El paciente fantasma: Este paciente no avisa, no cancela, simplemente desaparece. Lo llamas y va directo a buzón. Le escribes y deja el mensaje en visto. De repente, ya no es un paciente, es un caso de Misterios sin resolver.
Pero lo peor de todo es que, si un paciente falta, otro llega tarde, otro quiere "solo una consulta rápida" y al final terminas sobrecargado.
El efecto dominó: Porque claro, la ausencia de uno no significa descanso, significa caos. Los pacientes que sí aparecen están en modo "exigente extremo".
Uno llega tarde y exige que lo atiendas igual. Otro cree que su consulta de 10 minutos mágicamente resolverá su problema de 10 años.
Y el último es el paciente que no estaba agendado pero que dice ‘Yo llamé ayer y me dijeron que podía venir’. (¿Quién le dijo? ¿El fantasma del consultorio?) Porque si fue asi digame que me voy para otro lado, esas cosas paranormales no me gustan.
La mejor excusa (o la peor): Si el paciente fantasma decide aparecer días después, siempre tiene una excusa increíble:
- "Es que me olvidé." (Sí, claro, porque tu dolor de muelas no te lo recordó a cada rato.)
- "Me quedé dormido." (¿Hibernaste? ¿O te dormiste en otra dimensión?)
- "Pensé que la cita era otro día." (O sea que los recordatorios por WhatsApp, llamada y mensaje de texto no fueron suficientes, ¿no?)
Los pacientes fantasmas nos enseñan dos cosas: a tener paciencia y a desarrollar un sexto sentido para detectar quién sí vendrá y quién solo ocupa espacio en la agenda.
Pero bueno, al menos la silla del consultorio nunca se queja ni se va sin avisar y tampoco nos va a pagar... ¡DIOS MIO!
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