Todo comenzó con la idea de organizar un brindis navideño al final del turno clínico. Los estudiantes decoraron la sala con luces, llevaron comida y hasta instalaron una bocina para poner villancicos. Entre las risas y el espíritu festivo, nadie se dio cuenta de que algunos materiales importantes habían quedado sin supervisión.
En medio del intercambio de regalos, una estudiante, Sofía, recordó que había dejado un par de coronas temporales sobre la mesa del box. Al volver, notó que no estaban donde las había dejado. Desesperada, buscó por todos lados mientras intentaba mantener la calma. Eran para su paciente de ese día, y no colocarlas significaba perder el turno y el requisito.
Al darse cuenta de lo ocurrido, el resto del grupo comenzó a buscar las coronas como si fueran un tesoro perdido. Algunos revisaron las bandejas, otros los cubículos de esterilización, e incluso hubo quien bromeó diciendo que las coronas habían sido confundidas con adornos y estaban colgadas en el árbol navideño.
Finalmente, después de media hora de búsqueda, las coronas aparecieron… dentro de una caja de galletas en la sala común. Nadie supo cómo llegaron ahí, pero todos entendieron una valiosa lección: no importa cuán festivo sea el ambiente, en odontología, cualquier descuido puede convertirse en un desastre.
Esa Navidad, la anécdota quedó grabada como un recordatorio de que la organización es tan importante como el espíritu festivo. Y claro, siempre hay que tener un ojo puesto en los materiales. 🎄🦷
.png)
Comentarios
Publicar un comentario