¡Bajo presión! Estudiantes obligados a pagar materiales carísimos que nunca usarán en su vida profesional
Si eres estudiante de odontología, sabes lo que duele gastar una fortuna en materiales que te exigen para aprobar… pero que nunca vas a usar en tu vida profesional. Hoy te cuento la historia de cómo la presión de la facultad vacía los bolsillos de los estudiantes. 🧵👇
Todo empieza con una lista interminable de materiales. La entregan el primer día, con esa sonrisa de “es solo lo básico”. Turbinas, fresas, articuladores, espátulas, instrumental quirúrgico… cada ítem es más caro que el anterior.
Pero lo peor llega cuando algunos profesores te dicen:
— “Este material no sirve, comprá la marca X.”
Y ahí te encuentras gastando el doble, aunque el de la marca anterior estaba nuevo. Porque, claro, quieres aprobar y para poder hacerlo tienes que usar el que te dice el profesor.
La presión aumenta cuando llega el turno de comprar cosas que ni siquiera sabes usar.
— “Necesitás un detector de ápice, los mejores forceps del mercado y un Electrocardiógrafo”
— “¿Para qué, profe?”
— “Porque lo pedí, y punto.”
Años después, te das cuenta de que ese Electrocardiógrafo quedó como adorno en tu consultorio odontologico.
A lo largo de la carrera, vas acumulando un arsenal de materiales y equipos que no salen de sus cajas. Algunos se pierden en el depósito, otros se arruinan porque nunca aprendiste a usarlos, y los más caros terminan olvidados en un rincón.
Lo peor es que, aunque quieres cuestionar estas exigencias, sabes que no puedes decir nada. Porque si no los compras, no apruebas la materia. Y así, la facultad se convierte en una máquina que transforma a los estudiantes en clientes cautivos.
— “Es para tu aprendizaje” — dicen.
Pero, ¿es realmente necesario comprar tres fresas diferentes para un procedimiento que solo haces una vez en toda la carrera? como para poner un ejemplo.
Lo más doloroso es ver cómo algunos compañeros abandonan la carrera porque no pueden pagar estas exigencias. Y mientras tanto, el sistema sigue pidiendo más, sin considerar el impacto económico en los estudiantes.
Esta historia no es solo un desahogo, es un llamado de atención. Porque la odontología es una carrera de vocación, pero no debería ser un lujo inalcanzable.
Moraleja de la historia: Comprar materiales debería ser una inversión, no un gasto inútil. Es hora de que las facultades reconsideren sus exigencias y prioricen el aprendizaje real, no el negocio de las listas interminables.
¿Te pasó algo parecido?
¿Qué material te pidieron y nunca usaste? Cuentame tu historia. 👇
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