¿Por qué nadie te prepara para los pacientes difíciles en odontología?
Cuando entras a la facultad de odontología, te enseñan de todo: anatomía, prótesis, endodoncia… pero hay algo que jamás te explican en ningún libro: ¿cómo manejar pacientes difíciles sin perder la cordura?
Porque sí, tratar caries es fácil. Lo difícil es tratar con el paciente que cree que Google sabe más que tú.
Algunos de los pacientes más desafiantes
1. El "Esto no me va a doler, ¿no?" -- Este paciente pregunta con una sonrisa, pero si siente el más mínimo piquete, se retuerce como si lo hubieras apuñalado. Tú explicaste que la anestesia tarda unos minutos en hacer efecto, pero él ya está escribiendo una queja en Google mientras sigue en el sillón.
2. El "Yo vi en YouTube que…" -- El peor enemigo del odontólogo moderno no es la caries, es YouTube y los grupos de Facebook. Este paciente llega con información errónea y espera que confirmes su teoría de que el bicarbonato y el limón blanquean los dientes sin problemas.
3. El "Tengo miedo, doctor" -- Este paciente suda más que tú en tu primer examen de anatomía. Le pones el succionador y grita como si lo estuvieran abduciendo. Intentas calmarlo, pero cada vez que te acercas con el instrumental, empieza a negociar con Dios.
4. El que llega tarde pero exige rapidez -- Este personaje aparece 30 minutos después de su turno y aún tiene el descaro de decir: "Doctor, hágalo rápido que estoy apurado". Porque sí, la odontología es magia y con un chasquido arreglas una endodoncia.
5. El "Yo confío en vos… pero sin anestesia" -- Nada da más miedo que un paciente diciendo que prefiere el procedimiento sin anestesia. ¿Por qué? ¿Acaso disfruta del sufrimiento? ¿Es un Jedi? ¿Está probando su umbral del dolor para un documental de Discovery Channel?
Los libros te enseñan odontología, pero la experiencia te enseña paciencia. Aprendes a respirar profundo, a sonreír en situaciones extremas y a recordar que, al final del día, al menos este paciente se irá con una sonrisa (y tú con una historia más para contar en las cenas familiares).
Los libros te enseñan odontología, pero la experiencia te enseña paciencia. Aprendes a respirar profundo, a sonreír en situaciones extremas y a recordar que, al final del día, al menos este paciente se irá con una sonrisa (y tú con una historia más para contar en las cenas familiares).
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