De fraude en la facultad a ‘especialista en endodoncia’: el caso que te va a hacer revisar a tu dentista

Si creías que lo peor que podías encontrar en la facultad era un estudiante reutilizando un eyector, esperá a escuchar esta historia.

Esta historia llega al mail: anecdotasdelaodontologia@gmail.com

Resulta que un amigo mío –vamos a llamarlo "K" para proteger su identidad (aunque si está leyendo esto, sabe que todos sabemos), "K" tenía un problema: no podía con los pacientes en clínica.


No estamos hablando de un estudiante nervioso que necesita práctica. No, no. Estamos hablando de alguien que en lugar de hacer una simple obturación, dejaba una reconstrucción que parecía la Torre de Pisa.

¿La solución de "K"? Falsificar los requisitos clínicos.

Sí, mientras el resto de nosotros sufríamos por conseguir pacientes, él se sentaba con un café, "llenaba" sus hojas de trabajo y, de alguna manera, los profesores nunca notaron nada.

Hasta que, claro, la realidad lo alcanzó. Se retiró de la carrera porque no podía con la clínica. Fin de la historia, ¿no?

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Un año después, un compañero estaba buscando dónde hacer su rotación y, ¡sorpresa! Descubre a nuestro querido "K" trabajando en una clínica privada como "endodoncista".

¿K? ¿El mismo que no podía ni tomar una impresión sin hacer un desastre?

El mismo. Con bata, torno en mano, y cobrando tratamientos de conducto.

Ahí te das cuenta de que vivimos en una realidad alternativa donde el que no aprobó estadística en ciencias básicas ahora está "especializado" en tratamientos que requieren precisión microscópica.

Cuando el fraude es más grande que la caries…

¿Cómo pasó esto? Fácil: título falso, sonrisa confiada y un mundo donde nadie chequea nada.

Y mientras tanto, uno acá, estudiando de madrugada, sudando en clínica, practicando con pacientes reales… mientras "K" sella ápices con la misma seguridad con la que falsificó sus requisitos.

Pero como toda mentira, la suya tenía fecha de vencimiento.

Un profesor de la facultad se enteró, se armó el chisme y, en cuestión de días, "K" estaba más expuesto que una raíz sin encía.

Resultado: lo denunciaron, lo sacaron del "trabajo" y ahora nadie sabe dónde está. Pero si un día vas a una consulta y el odontólogo no sabe la diferencia entre gutapercha y chicle Bazooka… revisá dos veces su diploma.

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Si algo nos enseña esta historia es que podés falsificar papeles, pero no podés falsificar el conocimiento. Y menos en una profesión donde, si hacés las cosas mal, no solo queda en evidencia… sino que podés arruinarle la boca a alguien.

Así que, si alguna vez pensaste en tomar el "camino fácil", recordá esta historia y pregúntate: ¿vale la pena arriesgarlo todo por no hacer las cosas bien?

Porque una endodoncia mal hecha se arregla… pero una reputación destruida no tiene retratamiento posible. 

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