Nada como ese primer día en clínica. Te levantaste temprano, planchaste el ambo (uniforme), preparaste todo con amor. Repasaste la teoría, los pasos, el instrumental… y entrás a la facultad con la confianza de un cirujano cardiovascular.
Hoy es tu día.
Hasta que, en un giro inesperado, el profesor te elige para hacer una demostración. Y en ese momento, sentís que todo se pone en cámara lenta.
Te parás al lado del sillón con la frente en alto, confiado en que hiciste un buen trabajo. En tu cabeza ya escuchás la música de Rocky. Quizás el profe te diga algo como: "Muy bien, fijate en este pequeño detalle."
Pero no.
El tipo junta a todo el curso, te saca la pieza en la que estabas trabajando y dice con voz fuerte y clara:
"Miren chicos, esto es un claro ejemplo de lo que NO hay que hacer."
Y en ese instante, el alma se te sale del cuerpo. Sentís el Windows XP apagándose en tu cabeza. Al fondo, tus compañeros están divididos en tres grupos:
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Los que te miran con compasión.
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Los que están anotando en su cuaderno el error que hiciste como si fuera la receta secreta de la Coca-Cola.
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Los que ya están grabando para TikTok con la frase "pov: el profe te hace mierd@ en clínica".
Imaginate que esto no fuera en la facultad, sino en la vida cotidiana.
Horrible, ¿no? Bueno, así se siente en la facultad.
Los niveles del trauma en clínica
Y lo peor es cuando el profe agrega un chiste. Porque nunca falta el profe que también es comediante.
JAJAJA, PROFE, ME VOY A REÍR POR CORTESÍA.
Pero, al final, sobrevivimos
Aunque en el momento querés que te trague la tierra, con el tiempo entendés que el profe no lo hace por maldad (bueno, la mayoría).
Es solo su forma de enseñarte que la odontología es una ciencia exacta… y que vos sos bastante inexacto.
"Miren chicos, esto es un claro ejemplo de lo que NO hay que hacer."
(Y el karma se habrá completado).
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