El síndrome del “drill” eterno
Cuando el perfeccionismo te lima el alma (y la cabeza)
En la facultad te enseñan a pulir, a tallar, a dejar los bordes lisitos como porcelana fina… lo que no te enseñan es que, si te pasas de perfeccionista, te vas a encontrar a ti mismo a las 3:17 a.m. con el fantasma de Black (el profe de operatoria) susurrándote: —“Ese borde aún no está definido…”
Sí, amig@. Este es el temido síndrome del ‘drill’ eterno.
Un estado en el que tu turbina gira más que tus pensamientos a las 2 a.m.
Te obsesionas tanto con la profundidad de la caja cavitaria que olvidas la profundidad de tu depresión.
Todo comienza inocente: “Voy a repasar un poco más el surco…”
Y cuando vienes a ver, llevas 2 horas con una pieza de acrílico como si estuvieras puliendo una reliquia maya.
Los síntomas incluyen:
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Sentir culpa por tomarte 10 minutos de descanso.
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Escuchar el ruido de la turbina… cuando no hay turbina.
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Pensar que ningún profe te odia… pero igual repetir la cavidad 8 veces por si acaso.
Y claro, lo peor: comparar tus trabajos con los de la gente que literalmente nació en CAD-CAM.
¡Herman@! Si le ves luz a la restauración… no es el acabado superficial, es tu salud mental pidiendo vacaciones.
Hay que hablarlo: el perfeccionismo es como el ácido grabador… si lo dejas mucho tiempo, quema más de lo que mejora.
Así que respira, guarda la turbina y tomate algo (guiño guiño)

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