Crónica de una profilaxis casera y un cepillo de uñas.

Cuando el paciente trae su propio instrumental: historias de lo insólito que nos hacen cuestionar la realidad

Hay días en el consultorio donde uno se pregunta si abrió una clínica… o si está participando en una cámara oculta. Y todo comienza cuando el paciente entra con una sonrisa extraña… y una bolsita Ziplock.

—“Tranquilo doc, yo traje mis cosas.”

¿Cómo que sus cosas?

Y ahí, en pleno consultorio, despliega su kit personal de limpieza dental comprado por Mercado Libre, probablemente de un proveedor llamado “ClínicaChinadeConfianza88”.

—“Así no gasto tanto y uso mis propios instrumentos. Mire, están nuevos... creo.”

Nuevo, oxidado y con olor a aceite de bicicleta. Todo al mismo tiempo.

Otro llegó con su espejo bucal para “ver cómo iba el procedimiento en vivo”, como si estuviera reaccionando a su propia restauración en Twitch.
—“Yo soy medio autodidacta, me gusta ver cómo trabajan los profesionales.”
Se lo quité gentilmente antes de que me hiciera una auditoría en tiempo real.

Y no olvidemos a la señora que trajo su propio kit de profilaxis casero: un palillo de dientes, un cepillo de uñas y un frasco de bicarbonato.
—“Esto es más natural, doctor. No me gusta eso químico que usted usa.”
Señora, lo químico que yo uso se llama ciencia.

También estuvo el caso del paciente que, indignado, sacó su propia jeringa:
—“Esta anestesia me la pusieron una vez en Dinamarca y me encantó. Se la dejo por si la quiere usar.”
Gracias… ¿la guardo junto a las donaciones de sangre de desconocidos?

Lo insólito no es solo que traigan instrumental.
Lo insólito es que lo digan con seguridad, como si fueran odontólogos alternativos graduados en la UYIC... Universidad YouTube Intensiva de Cambridge.

Moraleja de la historia: el paciente tiene derecho a participar activamente en su tratamiento… pero si empieza a sacar herramientas, también tengo derecho a activar el botón de pánico mental.

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