Un odontólogo propuso esta semana que el buen aliento sea reconocido como un derecho constitucional básico, al mismo nivel que la educación y la libertad de expresión. Según explicó, no se trata de estética, sino de convivencia social mínima.
La iniciativa surge tras años de reuniones laborales interrumpidas por silencios incómodos, conversaciones sostenidas a una distancia sospechosa y por los vasos que dejan oliendo a caca. “Nadie debería defender una idea importante mientras el resto contiene la respiración”, afirmó el profesional.
El proyecto contempla controles preventivos, educación en higiene oral y la obligación moral de no hablar demasiado cerca si no se ha pasado por una consulta con el especialista.
Ahora en serio: el mal aliento no es un chiste, es un síntoma. Y casi siempre avisa algo que se viene ignorando.
¿Derecho básico o responsabilidad personal?

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