Facultades de odontología admiten que nadie sabe exactamente en qué momento el estudiante pierde la ilusión



En un comunicado conjunto que tomó por sorpresa a absolutamente nadie, varias facultades de odontología confirmaron que no existe un registro oficial del momento exacto en que el estudiante pierde la ilusión. No hay materia responsable, docente señalado ni clase puntual. Simplemente pasa.

Según el informe, el proceso comienza de forma sutil: el entusiasmo inicial convive con listas de materiales eternas, horarios imposibles y la sensación permanente de que nunca es suficiente. El estudiante sigue motivado, pero ya no tanto. Sigue creyendo, pero con dudas.

El punto crítico no suele ser académico, sino emocional. El estudiante descubre que estudiar más no siempre se traduce en mejores resultados y que el esfuerzo no garantiza tranquilidad. Aun así, hay estudiantes falsificando firmas, robando pacientes a compañeros y nadie lo advierte. Se asume que cansarse es parte del carácter profesional.

Las autoridades reconocen que el silencio institucional cumple un rol clave: nadie explica que perder la ilusión es normal, pero todos actúan como si fuera una falla individual y la excusa es la generacion de cristal, cuando ha pasado siempre. El estudiante no abandona la carrera; abandona la fantasía.

La ilusión no se pierde. Se reemplaza por resistencia, humor negro y café. Mucho café.

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